Hasta ahora hemos ido desgranando diferentes fotografías que han constituido verdaderos elementos icónicos de la realidad; sin embargo hay algún ejemplo – como el que nos ocupa - que llega a trascender el enfoque objetivo que se le presupone a cualquier instantánea fotográfica para convertirse en un pedazo de la propia historia dotado de una acentuada subjetividad.

Su autor, Kevin Carter (1961-1994), fue un fotógrafo documentalista que nació en Sudáfrica justo en la época de afianzamiento del Apartheid; la fotografía comienza a atravesarse en su existencia cuando se emplea como dependiente en una tienda de accesorios fotográficos, cambiando su rumbo para siempre.
Comenzó a dar sus primeros pasos en los terrenos del periodismo gráfico – Johannesburg Sunday Express, Johannesburg Star – donde comienza el germen del Club Bang Bang, nombre con que la revista Living de Johannesburgo emplea para referirse a Kevin y sus socios: Ken Oosterbroek, Greg Marinovich y Joao Silva, por su audaz manera de afrontar el peligro en relación con las coberturas gráficas de los conflictos armados del Apartheid.
Empleado en contribuir a potenciar la condena global generada contra el Apartheid, sin embargo la instantánea que le llevó a la fama no fue tomada en África del Sur, sino en la aldea Ayod del Sudán meridional, lugar donde Kevin Carter y Joao Silva decidieron viajar para interesarse por la zona conocida como “El triángulo de la hambruna”.
Al parecer nada más aterrizar en lo que sería un campamento de refugiados ambos fotógrafos se separaron y a los pocos metros Kevin Carter se encontró frente por frente con la figura esquelética de una pequeña niña, totalmente desnutrida, recostándose sobre la tierra, agotada por el hambre y a punto de morir, mientras que en un segundo plano, la figura negra expectante de un buitre acechaba el momento preciso de su muerte. Tuvo la sangre fría o la “objetividad fotográfica” de quedarse esperando unos veinte minutos por ver si el buitre batía sus alas, lo cual ya él presuponía como una imagen que le proporcionaría reconocimiento a nivel mundial.
Tras dar por finalizada la espera, volvió al encuentro de Joao Silva a quien dijo, según cuenta éste último en su libro “The Bang Bang Club: snapshots from a hidden war”: “Le estaba sacando fotos a una nena arrodillada, que apoyaba la cabeza contra el suelo, y de repente un buitre gigante se posó detrás de ella. Seguí disparando, y recién después espanté al buitre”.

Cuando ambos regresaron al lugar, tratándole de mostrar la escena, el buitre había desaparecido pero la pobre criatura seguía ahí, vencida por el hambre. Ninguno de los dos la ayudó a llegar al comedor del campamento, que distaba apenas cien metros.
A su regreso, Kevin Carter vendió la foto al New York Times llegando a dar la vuelta al mundo y a convertirse en un icono de la hambruna. Llegó a ser portada de la revista Time, convirtiendo a su autor en un afamado profesional que aún luchaba por acostumbrarse a no tener que bregar con las angustias económicas y la falta de trabajo que acosaba a los reporteros gráficos independientes.
Prestigiosas agencias fotográficas, como Mágnum o Sygma pugnaban por disponer de sus servicios; no obstante la foto, en su descarnada brutalidad, despertó el interés de la sociedad por ver qué había sucedido con la niña y qué había hecho el fotógrafo. Éste tuvo que confesar que no había hecho nada; suponía que se había levantado por su propio pie y llegado al comedor, donde la habrían atendido convenientemente.
Abrumado por el sentimiento de culpa, atrapado en su conciencia por imágenes de asesinatos y cadáveres, terminará por sumirse en una fuerte dependencia a las drogas, hasta tal punto que cuando le comunican desde el New York Times que ha sido el ganador del Premio Pullitzer llega a renegar de su foto, haciendo que la celebración resulte imposible: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña".
Por otra parte, apenas seis días después en Thokoza, donde el Club Bang Bang se encontraba cubriendo un estallido de violencia en plena guerra civil, escucha en la radio la muerte de su compañero Ken Oosterbroek.
Tres meses después, el 27 de julio de 1994, Kevin Carter se suicida en su camioneta, después de conectar una manguera al tubo de escape y hacerla entrar a la cabina sellada, acaso en un último intento de escapar a todo aquello que había visto, como queda atestiguado en la película de Dan Krauss The death of Kevin Carter. Casualty of the Bang Bang Club.
Existe aún hoy cierto debate acerca de si el fotógrafo documentalista debe involucrarse o mantenerse al margen de los acontecimientos que suceden frente a su lente. La tragedia y la violencia son imágenes poderosas; por eso son muy cotizadas.
A modo de conclusión los aficionados a la fotografía deberíamos reflexionar acerca de que algo de la emoción, la empatía y la vulnerabilidad que nos hacen humanos se pierde cada vez que apretamos el disparador.
El artículo es de Jándalo.























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Escrito por zappa el Viernes, 16 de Mayo de 2008 a las 7:45 pm
Sembrado Jandalo, como siempre, muy interesante;dificil de explicar el hecho de que ninguno de los dos fotografos ayudara a la niña, eran cámaras sin sentimientos.
Escrito por Jandalo el Domingo, 18 de Mayo de 2008 a las 7:56 am
Oye, eso de lesiones en las extremidades es contagioso?. Empezó il dottore con su mano, luego tú y ahora parece ser que tu cuñado. Me cuidaré muy mucho de acercarme a vos.
Creo que hasta las cámaras tenían más sentimiento que ellos.
Escrito por zappa el Domingo, 18 de Mayo de 2008 a las 2:44 pm
Tranquilo, como estas bastante lejos creo que estas a salvo jejejeje… vaya racha llevamos!!
Ayer estuvimos comiendo un bocata por ahí y ya estuvo nuestro querido Doctor dándole a mi cuñado unos consejos terapeuticos sobre como rehabilitar la mano derecha despues de una lesión…así que no te preocupes que está en buenas manos.
Escrito por Pilar el Jueves, 10 de Julio de 2008 a las 1:02 am
A modo de conclusión los aficionados a la fotografía deberíamos reflexionar acerca de que algo de la emoción, la empatía y la vulnerabilidad que nos hacen humanos se pierde cada vez que apretamos el disparador.
PERDONA, PERO ESTA ULTIMA FRASE NO ES TUYA, CITO AL AUTOR “Greg Marinovich” (INTEGRANTE DEL The Bang Bang Club)
Escrito por marisa el Domingo, 26 de Octubre de 2008 a las 3:58 am
me parece terrible que se tomen tiempo para tomar una foto tan cruel. ¿no hubiera sido mejor tratar de hacer algo por esa criatura? por lo menos darle una buena sepultura y no dejarla a merced de semejantes bestias!!
Escrito por DANIELA el Martes, 9 de Junio de 2009 a las 8:34 pm
solo la gracia nos hace perdonar y perdonarnos,pues en ves d juzgar y hablar tanto hay miles de niñas y niños padeciendo lo mismo exactamente ahora! empezemos por ver alrededor d nuestro barrio y lo veremos a diario ¿q vamos hacer entonces?
Escrito por waltermedinagozales el Domingo, 14 de Junio de 2009 a las 12:42 am
Soy Reportero Grafico por 18 años y 14 años en prensa (no se cuanto mas lo seré), cubrí en mi país (Perú) por 5 años policiales y nunca en mi vida vi muertos, pero en 5 años me acostumbre y lo tomaba como un trabajo nada mas y trataba de hacer lo mejor, la sangre era parte de ti. Ahora trabajo en proyectos personales.
La imagen de la foto es algo que en el momento quieres lo mejor pero duele hacerlo. Todo los Días en el mundo pasa cosas que uno no puede explicarse.
Walter medina